Mi cuerpo envejece: ¿es grave?

Tenía 26 años cuando obligué a mamá a mirarme a la cara porque esto es muy grave, mamá, mientras recorría con mis dedos los surcos inexistentes a los lados de mi boca. Le pregunté serísima que qué crema antiarrugas me compro y, luego de examinarme con carácter casi científico, mamá dictaminó (serísima también) que las líneas de expresión que tanto me atormentaban aparecerían cuando me hubiese reído lo suficiente. Me olvidé de las arrugas y procedí a esmerarme en tener noches de vino repletas de risa y descojone; me esforcé en no guardarme ni un beso ni un mordisco; procuré sonreír con todos los dientes en todas las fotos y todos los días. He cumplido 36 y hoy por hoy tengo dos surcos incipientes, me doy crema cuando me acuerdo y pienso que aún no, no me he reído lo suficiente.

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