Sobre alergias y sensibilizaciones

Al fin se me fue la alergia.

Aquellos que dicen que la primavera es la más bonita de las estaciones pueden irse, por mí, directamente al carajo. La primavera trae flores y las flores traen el polen y, mientras las abejas polinizan como unas desgraciadas, yo no paro de estornudar, lagrimear, moquear y toser. No se ha inventado la cetirizina, clorferamina ni loratadina que pueda contra esto y, mientras todo el mundo hace picnics y sale a la calle y dice pero qué bueno hace, yo lo único que quiero hacer es meter la cabeza en el horno y morir.

Pero no siempre he sido así.

Mi primera primavera en tierras donde existe la primavera no tuve ninguna alergia. Me pasé de marzo a junio burlándome de tutilicuanti, de sus secreciones y sus kleenex, declarando categóricamente que mi nariz no servía para nada, ni para la alergia. Cuánto me equivoqué. Fue cuestión de meses hasta la siguiente primavera cuando todas mis mucosas se revolucionaron y decidieron que BASTA de este sometimiento polinológico, que había que reaccionar como los machos y que qué mejor reacción que la de sublevarme el cuerpo entero. Al primer estornudo supe que había algo muy mal.

Destripé todas las páginas de alergia punto com y descubrí que uno se sensibiliza. Un día te hinchas a mermelada de fresas como una desgraciada, al día siguiente te sensibilizas y una cucharada del alérgeno en tu tostada te provoca un rash cutáneo de esos de no salir de casa. Un día respiras de lo más normal, al día siguiente te sensibilizas y el aire polinizado te manda derechito al alergólogo. Sospecho que le tengo alergia al olivo y vivo al lado de un olivar (de los grandes). En resumidas cuentas, estoy jodida.

La pregunta es: ¿Por qué te sensibilizas?

Una cosa que ha estado ahí siempre, invisible, empieza de buenas a primeras a afectarte. El alérgeno penetra en tu organismo. Tu sistema inmunitario reacciona. Desarrolla anticuerpos y tú, síntomas. Los combates hinchándote a pastillas, creyéndote inmune, invulnerable. Los combates evitando a muerte el alérgeno, mudándote de ciudad, aislándote en tu mundo en una profilaxis obligada. Pero dará igual, porque tú ya te has sensibilizado. Bastará que se te olvide una pastilla, una sola, o que metas tu nariz en el lugar equivocado. Recaerás. Y por más muros que levantes, férrea, no podrás luchar contra esta alergia.

Como el momento preciso en el que te das cuenta de que te enamoras. Te sensibilizas. Un día no sentías nada y al día siguiente –en un pequeño descuido– lo sientes todo.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s