Top 5 malas citas que hay que tener

Es una verdad irrefutable:
Yo tengo que haber sido la peor cita de un montón de gente.
Hola amiguitos: me llamo Mariella, tengo (casi) 34 años y llevo acumuladas una recatafila importante de malas citas con el sexo opuesto.

Este es el momento en que mi mamá salta del sillón y me manda un whatsapp para decirme todo lo maravillosa que soy (¡gracias mamá!), pero soy como soy y no vamos a engañar a nadie. En mi defensa diré que los casi diez años de monogamia que padecí junto a un puñado de hombres arruinaron por completo mis habilidades sociales, volviéndome una completa analfabeta en el arte de afrontar con bravura el horror que es relacionarse con un ser humano nuevo y limpito. Y en mi defensa diré también que no he sido siempre yo el adefesio: he salido con mucho adefesio también. #marielladignidad

Cita mala que hay que tener Nº1: El ilusionista.
Despertarás un sábado pensando en él. La noche del viernes fue soberbia, sin esfuerzos: él te hizo sentir cómoda poniendo su mano sobre las tuyas, nerviosas, y tú le hiciste reír con tus chistes malos y políticamente incorrectos. Hueles las sábanas: todavía huelen a él. Descubres que eso de las mariposas en la barriga es un sentimiento real y esperarás a que te llame, como dijo que haría al despedirse. Se lo tragará la tierra sin dejar rastro alguno en el universo y te sentirás como el día en que descubriste que Papa Noel no existe. Deséale lo peor.

Cita mala que hay que tener Nº2: El Sordomudo Selectivo.
Irás al café que él ha escogido y te contará su vida en plan Gran Hermano con máximo nivel de detalle. Te interesarás por sus hermanas. Te reirás de sus anécdotas. Entrecerrarás los ojos y dirás ajá ajá ajá. Luego tú le contarás de tu trabajo y él asentirá. Le contarás de tu familia, tus amigos, tus inquietudes y asentirá. Le contarás de tus sueños y asentirá. Le contarás que a la tierna edad de cinco años fuiste secuestrada por una banda de respiratorianos y que desde entonces sólo te alimentas de aire y Big Mac con queso, y asentirá. Tu negarás rotundamente. Next.

Cita mala que hay que tener Nº3: El Producto Recomendado
Sólo de oferta esta semana con tu chapita premiada. Te lo habrá recomendado tu prima, tu amiga, tu abuela, tu verdulera. Te habrán pormenorizado sus infinitas virtudes hasta tal punto que tú te habrás imaginado a ambos unidos hasta la eternidad por un vínculo inquebrantable: una hipoteca. Luego de intercambiar unas cuantas frases te darás cuenta de que has pasado los peores cinco minutos de tu vida junto a este incordio de ser humano y que preferirías ver el pasto crecer antes de que te siga succionando la vida del cuerpo. Llamarás a tu verdulera: ¿En qué carajos estabas pensando? Hasta te habías depilado.

Cita mala que hay que tener Nº4: La mujer barbuda.
Tras el velo obnubilador de las cervezas él te encantará. Se habrán dado unos cuantos besos (de esos largos y tiernos, bonitos) y habrás decidido que hay que encamarse porque ambos se lo merecen. Te irás a la cama con un tremendo hombre mega recio y chim pum pam se transformará de pronto en una niña adolescente y de voz muy aguda que gime como actriz porno (del porno malo) y tú ni siquiera te habrás quitado los pantalones. Te sentirás confundida porque no sabrás si te gusta o no y lo mandarás a dormir a su casa porque quien con niños se acuesta mojado amanece. Hombre ya.

Cita mala que hay que tener Nº5: El adolescente.
Dirás vamos a experimentar y saldrás con alguien que aún no había nacido en Barcelona 92 (y tú tienes que hacer mucho scroll para encontrar tu año de nacimiento). Le contarás que fuiste a ver a Chris Cornell y te preguntara si es tu abuelito. Por un momento será misterioso. Por otro momento será divertido. Por otro momento será un subnormal. Sentirás que has salido con diez personas diferentes, cada cual con su monólogo bien ensayado, y pedirás la cuenta por favor, porque tú ya estás muy mayor para estar con alguien a quien tengas que descifrar.

Después de esas malas citas (y de las peores, y de las que terminan en friendzoneo inmisericorde) llegarás a casa, te bajarás de tus tacones, te desmaquillarás y estarás contentísima de acostarte con una persona increíble esa noche: tú. Porque para eso sirven las malas citas: para reafirmar tu magnificencia. Para qué, si no.

Epílogo
A la mañana siguiente saldrás con la cara lavada a desayunar. Te sentarás a leer en tu mesa favorita, la de la esquina, y será chorreando el café sobre las páginas de tu libro que lo conocerás. Te preguntará qué lees. Te dará igual el bizcocho pegado en tus dientes y tu pelo sin lavar, y le responderás. Le preguntarás si quiere tomarse un café contigo y dirá que sí, pero que en otro café, porque hoy el barista me ha odiado. Creerás en la química desposeída de leyes y fórmulas, y pensarás que quizá hoy puedas convertirte en una cita de puta madre.

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