Que nadie te haga dejar de bailar

Tuve un novio al que le avergonzaba profundamente que yo bailara en el Eroski.

Así es, señoras y señores, damas y caballeros, público en general: no puedo resistir la urgencia a bailar en a) supermercados b) tiendas por departamentos c) bares, bistros, cafeterías d) cualquier lugar susceptible de emitir música vía altoparlantes. No puedo evitarlo. Escucho música y tengo que bailar. Empiezo moviendo los hombros, luego viene la cintura y casi siempre el espectáculo termina en morritos y puños apretados. Me gusta bailar. Y es algo que yo no he elegido, como tampoco elegí ser zurda ni elegí este pelo inmanejable. Simplemente me tocó ser así.

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