Me fui de Lima porque Lima eras tú

Me dijiste: Es hora de que te marches.
Y me fui de Lima
Porque Lima eras tú.

Eras las Cuzqueñas en el Juanito y las madrugadas en el Dragón. Eras esos lugares sin nombre donde caíamos exiliados pasado el amanecer y eras, Larco arriba, los desayunos en Miraflores donde todo acababa sólo para volver a empezar. Eras todos mis suspiros sobre todos los puentes; eras todos mis suspiros de merengue y manjar. Eras la Ciudad de los Reyes y yo, tu invasora ilegal.

Eras regateo en el mercado de Surquillo y la mejor fruta en cada puesto. Éramos un clásico en vasito de plástico: una mezcla paradójica, un sabor curioso y raro. Eras cine y festivales y el jironeo con más lisura; eras polvo y eras azul; mi príncipe de Palacio y yo, tu Primera Dama. Eras el morado de mis Octubres, el milagro que da el Moreno. Tú eras Lima y yo, la que pedía los deseos en el pozo de Santa Rosa.

Y así como eras la ciudad mirando al cielo desde las playas de Barranco, eras la ciudad mirando al infierno desde el cerro de La Molina. Eras tradiciones prometidas y rotas; un árbol muerto en el Olivar, la actuación más convincente en el Segura. Eras la tierra derramada en la pachamanca y eras el tren parado que esperamos veinte años a que eche a andar. Eras el cuento más viejo de Quilca y el DNI más falso de Azángaro. Eras el circuito de playas y la nostalgia de la hora Inca Kola, inclemente con mis tardanzas, sufrido con nuestro tráfico. Eras Lima y yo sobrevivía en tus calles y tus baches, con tus semáforos rotos, con tu Rímac sin agua, con tu señalización inexistente.

Eras el salto del fraile desde la Costa Verde: ese suicidio necesario, ese final autoimpuesto. Eras un extranjero en mi propia tierra: eras mi barrio chino y mi galleta sin fortuna. Eras un gato callejero del Parque Kennedy, de esos que mendigan amor en cada esquina, y eras una combi asesina atropellándome vez tras vez. Eras tantas veces el atardecer rojo y caótico de Javier Prado: eras esa neblina bajita y cegadora, eras todas nuestras revoluciones calientes. Eras parque y eras leyenda, y en tu Plaza de Armas cogíamos los rifles y nos disparábamos a morir.

Pero eras también la música de La Noche y el escenario del Delfus; eras la copa de más en Huaringas y el segundo Pisco Sour Catedral en el Bolívar. Eras todas las reses del Queirolo y los macerados extras de Las Brujas: eras mi ritual de Ayahuasca y eras jazmín, galán de noche. Eras el saludo familiar de Doña Grimanesa y la cruz ineludible del morro solar: brillando desde tu costa, alumbrándome las olas. Eras las muertes del Presbítero Maestro y eras mi paz nocturna en alguna calle del malecón, y es que tú eras todas las Limas, y Lima no era nadie más que tú.

Me fui de Lima y ahora vuelvo
Y es que soy de Lima
y Lima
Eres tú.

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