Diez primeros besos que tienes que tener antes de morir

Lo tendrás después de una primera o segunda cita. Habrás llevado a cabo la entrevista de trabajo necesaria para decidir si él es o no subnormal y que esté propiamente ubicado dentro de los límites aceptables de rareza que tú ya habrás establecido anteriormente. ¿De qué vives? ¿Qué te hace feliz? ¿Te suenas la nariz en la ducha? todas preguntas importantísimas. A ti te gustará que él mezcle sin asco lo dulce con lo salado: a él le gustará la separación infantil entre tus dientes.

O quizá te pille por sorpresa una madrugada cualquiera en un bar. A primera impresión él no te gustará nada, pero su conversación te llevará a lugares tuyos que no conocías y por un micromomento, un segundo, sentirás que sólo existe el vínculo que te une a él.

O tal vez lo habrás esperado por semanas, meses, años; de pronto, tendrás sus labios a escasos centímetros y no habrá otra cosa en el mundo que se pueda hacer.

Ay. Los primeros besos.

En tu vida tendrás quiensabecuantos primeros besos. En las épocas en que sufras de monogamia escasearán terriblemente; pero gracias a tu memoria histórica (o histérica) los recordarás casi todos con un cariño especial y adolescente.

Tendrás primeros besos malos. Tendrás peores.

Tendrás primeros besos como un terremoto. Los tendrás como un atardecer.

Tendrás tu cuota de romance y de deseo. Tendrás amor cuando lo has querido y no lo tendrás si así lo has decidido.

Pero hay unos primeros besos indispensables. De esos que te cambian la vida. Son aquellos que tienes que tener antes de casarte (o morir, que para algunos desdichados, viene a ser lo mismo).

Tenlos todos.

Ten un primer beso tímido producto del alcohol adolescente. Dáselo a ese amigo con el que has tonteado, con el que te llevas bien, con el que no sabes qué está pasando. Dáselo al pie de unas escaleras, nerviosa como el carajo, incapaz de sostenerle la mirada. Dáselo porque si no lo haces, te arrepentirás el resto de tu vida.

Ten un primer beso junto a un adiós en la puerta de tu casa. Alarga la despedida lo más que puedas. Despídete, acércate. Despídete, acércate. Te temblarán las piernas. Domínalo. A él le gustará.

Ten un primer beso robado luego de un largo periodo de abstinencia y conviértelo en una cadena eterna de incesantes primeros besos. Primer beso en el bar. Primer beso tumbados. Primer beso de día. Primer beso en la cama. Sé una adicta.

Ten un primer beso producto de una explosión descontrolada de química. Tenlo con un desconocido, y suéltate entera porque sabes que no lo verás nunca más. Aunque quizá sí, y tendrás que aceptar las imprevistas casualidades de la vida.

Ten un primer beso sin química alguna. De física, menos. Dalo con fervorosa devoción. Querrás hacerlo funcionar porque tiene que funcionar. Pero seguro no funcionará.

Ten un primer beso que venga inmediatamente después de una firme agarrada de teta. Para entonces habrás aprendido que el orden de los factores no altera el producto. El producto te intoxicará. Él también.

Ten un primer beso con alguien que te declare su amor eterno y para quien la eternidad dure cinco semanas y media. Supéralo en trece semanas y un día. Aprenderás a no hacerte matemáticas imposibles en la cabeza y a desinstalar rápidamente a los arrancacorazones.

Ten un primer beso que para ti sea sólo un beso y para él sea la vida. No sentirás nada. Él sentirá todo. Él te mandará flores. Tú lo mandarás a la mierda. Repite el beso años después, y siéntelo todo mientras él no siente nada. Naufraguen por años en una serie de destiempos.

Ten un primer beso del que no recuerdes nada. Te lamentarás de haber bebido y tendrás sólo piezas sueltas del rompecabezas de unos labios, una puerta, un escalón. Te lamentarás de no haberlo invitado a tu casa. Él se lamentará de haberte pedido el teléfono y de no llamarte nunca, y cuando se acueste por las noches con su novia de toda la vida, recordará con minucioso detalle tus labios, la puerta y el escalón; esos que tú apenas puedes recordar.

Ten un primer beso y júrate que será el último primer beso de tu vida. Mientras tú haces sacrificios imposibles para que así sea, él besará otros labios porque tú, hija mía, has sido sólo otro par de labios más.

Hasta que no los tengas todos, no te cases ni te embarques ni de tu casa te apartes.

Porque habrá un día en el que tendrás tu último primer beso. Lo darás bailando, en público, a solas, inmóvil; pero bailando. Con movimientos coordinados en silencio y anticipándose el uno al otro como si no fuera una primera vez. No sabrás que es tu último hasta que pasen los años, muchos, y no te imagines bailando con nadie más.

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